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Primer día de Triduo

En la primera Eucaristía del triduo de preparación a la fiesta patronal de este año, escuchando la Palabra de Dios, retomamos el tema de la unidad. En el Evangelio, Jesús decía: «Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste». Ese día reflexionamos sobre nuestra conexión con Dios y leímos la oración de Jesús, como una preparación para Pentecostés y un consejo para cuidar la intimidad de nuestra relación personal de amor con nuestro Padre Creador. Nos hemos dado cuenta, que es importante cuidar constantemente el interior, combatiendo el pecado que nos separa de Dios.  Este primer día nos sentimos cercanas las palabras de Jesús: ‘Reciban el Espíritu Santo; a quienes perdonen los pecados, les quedarán perdonados, y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar'». (Jn. 20, 21-23). La reflexión nos ayudó darnos cuenta de la importancia del sacramento de la Confesión en nuestra vida espiritual.

Segundo día del Triduo

El segundo día del triduo, nos centramos en la relación con Dios como comunidad. El Espíritu Santo viene a unirnos para dar testimonio de su presencia entre nosotros. La Palabra de Dios nos narró: el juicio que los judíos hicieron a San Pablo y nos enseñó que debemos evitar los juicios y opiniones innecesarios en diversas situaciones, pues frecuentemente son causa de muchas divisiones en la comunidad.

En el Evangelio, Jesús le preguntó a Pedro tres veces: «¿Me amas?, y así nos dimos cuenta, que el amor es lo más importante. El verdadero amor se demuestra cuando estamos dispuestos a hacer por los demás, incluso lo que nos resulta más difícil. Con la ayuda del Espíritu Santo, hemos reflexionado sobre nuestra disponibilidad hacia él y la ayuda que necesitamos para seguir a Jesús.

Sínodo

En este segundo día, también nos reunimos como Iglesia para poner en práctica el mensaje del Papa, sucesor de Pedro, a vivir nuestra fe en “caminar juntos”, como comunidad y como Iglesia en salida.

Se formaron grupos de trabajo en donde se dialogó sobre las interrogantes presentadas en hojas de trabajo. Las personas tuvieron la oportunidad de expresar sus ideas, desde su posición particular, proyectándose a la Iglesia y la vida en comunidad. También, el sacerdote y los miembros de EPAP se acercaron a los grupos a escuchar el intercambio de ideas.

Tercer dia de triduo

El tercer día, la Palabra nos presentó el pasaje de Génesis que trata sobre la Torre de Babel. Nuestro celebrante, el Diácono Lorenzo, nos compartió, que no se puede llegar al cielo solo con nuestros esfuerzos, pues, hay que ser obedientes y unidos en el Espíritu Santo.

El Evangelio nos habló del agua viva que es Jesús y quien, junto con el Padre envió al Espíritu Santo. No debemos apartarnos del Espíritu Santo, sólo con Él podemos saciar nuestra sed, nuestro cansancio y fatigas; porque es sanador, liberador, consolador que nos ayuda a encontrar la verdadera paz.

Los hombres y mujeres renovados debemos sentirnos unidos por el Espíritu Santo e identificados con el Padre Celestial.

Solemnidad

El domingo de Pentecostés fue una celebración maravillosa en la que, por medio del Sacramento de la Eucaristía, tuvimos ese encuentro con Dios Uno y Trino. Realmente Dios actuó en nuestros corazones por la acción del Espíritu Santo. Así, como hizo con los Apóstoles quitándoles el miedo, nos sentimos fortalecidos por la Palabra de Dios en salir y enfrentar nuestra realidad de otra manera. Nos dimos cuenta que podemos usar un lenguaje más amable, hablar y llamar a la gente diferente, es decir, dándose a entender y entendiendo a los demás, buscando siempre la conversión y el perdón. Así, somos capaces cada vez más salir de nuestro egoísmo, celos y envidias. De esta manera, llevándose bien con el hermano, somos capaces de comprender que es Cristo, es el centro de todo. Todo esto ocurre, gracias al Espíritu Santo, por eso, como nos dijo la Palabra de este solemne día: “Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Cor 12,3).

Con esta hermosa solemnidad y la asistencia de muchas personas, compartimos maravillosos momentos y experiencias de alegría, fe y una comunidad unida que, como los discípulos de Emaús, camina con Cristo resucitado, guiada por el Espíritu Santo y acompañada por Nuestra Madre María Santísima.